Quiero ver los paisajes que hay en mí. Ahora que siento que pertenecer
es ninguna parte, caigo en una sensación que se agranda. Pero yo no
sé, por desearlos se me abrió una franja en el medio de la frente. Hizo
ruido de tronco cuando se parte. De esa grieta emana una luz debil,
insignificante, duele como el filo del aire congelado. Observo su
apertura delicada. Estoy segura de que hay paisajes en mi cabeza,
agrando la grieta, la toco con la materia de mis dedos. Ella solo
conocía mi frente, le propongo el resto de mi
